Amor: La Historia de Eugenia y Julián en el Ciberespacio (parte II)



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22Apr2010


cita ciegas

Julián y Eugenia Primera parte de la historia aquí

La empresa dónde trabajaba Julián había comenzado con un plan de reducción de horarios para poder sostener la crisis del sector. Esto significaba un recorte de salario que para los que vivían solos, significaba dedicar 90% del sueldo para pagar el alquiler.

Cuando Julián se lo contó a Eugenia que no podía distraer el dinero que no tenía para mantener su apetencia por el chat y que por lo tanto iba a desaparecer de la net, hasta que se regularizara su situación en la empresa o consiguiera un nuevo trabajo. En pocas semanas lo que era una dificultad se transformó en un drama, cuando la fábrica finalmente cerró. Julián se encontró con Euge en la red para despedirse y ella le pidió la dirección para mandarle un libro, que ella pensaba que lo ayudaría. Poco después Julián se enteraría que la ayuda no era un libro si no un giro de dinero a su cuenta viniendo de Salta. Su orgullo lo tentó para rechazarlo, pero aquellos a los que El  debía también necesitaban dinero.

La única condición que te pongo le había escrito Eugenia, es que no pierdas esta relación que hemos armado, no tengo tantos amigos como para que me los robe una empresa en la punta del país que ni conozco. Julián recibió el giro durante tres meses, el tiempo que le llevo hacer algunos contactos para conseguir un nuevo trabajo. Pero su paciencia tuvo un premio. El nuevo puesto era lo que siempre había deseado conseguir y el salario casi doblaba el anterior.

Con el primer sueldo Julián devolvió el dinero que había recibido de Salta y con el segundo envió una encomienda con una cajita de madera tallada dentro de la cual había un dije de plata con la palabra “Gracias”  y una nota que decía:

“Señorita Eugenia, su amigo de la otra punta del país, la invita a almorzar en Salta el día que usted quiera…” Después Ella se enteraría que Julián se había postulado para viajar por el interior en representación de la nueva empresa y había escogido la zona norte del país.

Eugenia eligió el día y lo invitó a encontrarse junto al monumento Guemes en la plaza central de Salta Ciudad (¿Cómo te voy a reconocer?, había preguntado El?) “Tendré una flor blanca en la solapa”, había dicho Ella. Y yo un libro en la mano había contestado El. ¿No quería mandar una foto? no, no quería.)

En los últimos tiempos Julián se había dado cuenta de su interés por encontrarse con Eugenia, era más que el mero deseo de conocer a su amiga. Se sentía con ella como con nadie, comprendido, querido, cuidado, ayudado cuando más lo necesitó.

Recordaba que algunas conversaciones de chat de los últimos días de los últimos días donde ciertos mensajes seductores y bromas de suave insinuación fueron recibidos por Eugenia con lo que él quiso definir como una pequeña aceptación de propuestas.

Distraído en su pensamiento y movilizado por su deseo de encontrarse co Euge, se bajó del bus una parada antes y tuvo que correr con la maleta al hombro para tratar de llegar a horario a la cita. Media cuadra antes de llegar a la plaza miró su reloj, estaba llegando diez minutos tarde. Apuró el paso y casi se llevó por delante una impresionante mujer de cabello castaño oscuro, vestida muy elegantemente con un trajecito azul.

Por un momento deseó que fuera Eugenia, pero no.  No tenía la convenida flor en la solapa, la chica sonrío frente a su torpeza con las valijas y siguió su camino. Julián llegó a la plaza y corrió hacia el monumento.

Y allí estaba. Bajita, regordeta, aparentando bastante más de los 32 años que decía tener (le daba unos 39 fácil) y por supuesto con su flor en la solapa.

Instintivamente Julián escondió el libro por detrás de la espalda.. Se sentía decepcionado, tantas ilusiones.

Se dio cuenta de que no estaba obligado a presentarse. Después de todo Ella no lo conocía. Ella no había querido mandar las fotos y ahora entendía el porqué… Si se iba, pensó, siempre podría inventar una excusa para decirle que no pudo llegar al encuentro. Julián empezó a retroceder y entonces se dio cuenta. ¿Que estaba haciendo? Era la mujer que lo había acompañado más que nadie en el último año, la que le había confiado sus cosas, la que le había mandado dinero para vivir durante tres meses.

Se avergonzó de sí mismo. Con el libro pegado al pecho, se acercó a la mujer y le dijo: “Eugenia este es tu libro, ¿vamos a almorzar?.

La mujer con su rostro mayor, dibujó una sonrisa tierna e ingenua y le dijo “Mire joven yo no sé que pasa, pero hace un ratito una señorita alta, con un trajecito azul, me puso esta flor en la solapa y me pidió que si venía un joven y me quería invitar a almorzar yo le dijera que ella lo está esperando en el restaurante de la esquina…”

(Julián iba tan en el aire al encuentro de Eugenia, que ni siquiera terminó de escuchar lo que la mujer le contaba) “Dijo que era una especie de Prueba…

Continuará…. 😉

Cuentos de Cuenta Conmigo Bucay

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1 Comentario to Amor: La Historia de Eugenia y Julián en el Ciberespacio (parte II)

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Celeste

April 23rd, 2010 at 2:36 pm

jajajaj la quiero a Eugenia es una genia !! terminemos ya con esto queremos la parte final hasta el comieron perdices y fueron felices

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