Fin de semana en Buenos Aires – Parte 1



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In: Aprendiendo de otras culturas

14Nov2011


11/11/2011 “El Fin del Mundo”

Mucho se habló sobre esta fecha y los efectos que podría tener en el destino de la humanidad; tanto se habló que no pude ser ajeno a ello. Por tal motivo en la noche anterior me programé el despertador para levantarme a las 10 de la mañana, al menos para poder disfrutar una hora de agonía, mientras vaya uno a saber qué cosa destruía el planeta La Tierra a las 11hs 11min 11seg.

                              

Más allá del Apocalipsis anunciado para esa fecha, quienes me conocen saben que para mi el solo hecho de levantarme por la mañana ya es algo de carácter mortal. A las 10 sonó el despertador como estaba programado; sin embargo la lealtad que tengo hacia mi mismo hizo que el irritante sonido del reloj pasara desapercibido, levantándome luego de forma natural a eso de las doce del mediodía. Por lo tanto ni me enteré si el planeta había volado en mil pedazos y se había vuelto a regenerar al rato, despertando ya en una nueva era. No me importó demasiado, pues todo seguía igual.

El día era increíblemente primaveral, a pleno sol y bajo un cielo azul que invitaba a no permanecer encerrado en casa. Fue así que decidí desempolvar la bicicleta que tenía olvidada y salir a rodar por la ciudad, pasear por sus caóticas calles, hacer ejercicio y huir sobre dos ruedas de una posible secuela de esa debacle que me había perdido por dormir.

La tarde transitó por varias avenidas y parques urbanos, hasta alcanzar un merecido descanso en la costanera, frente al infinito Río de la Plata. Con el paso del tiempo el cielo azul se volvió un violeta oscuro y la enorme luna blanca remplazó el brillo cegador del sol. Ya eran las diez de la noche y volviendo a casa me detuve en el planetario de la ciudad, era imposible no detenerse a ver la nueva iluminación del edificio (arquitectura estilo ovni de los años 60´) que era una copia, sin sonido, del film “encuentro cercano del tercer tipo”.

Mientras estaba contemplando los efectos lumínicos de los LED, se acercaron dos hippies buena onda que me preguntaron dónde quedaba la Plaza Israel. Les indiqué la ubicación con las palabras exactas (imposible no llegar), pero también les aclaré que la zona, quizá, no sería tan agradable a esas horas de la noche, por lo que me ofrecí a acompañarlos (para no tener cargo de conciencia cuando viera sus cadáveres en algún noticiero amarillista el día siguiente). Mientras caminábamos hacia la plaza Israel les consulté a qué iban allí, y me contestaron (como quien recomienda una peli para el finde) “a una reunión de bombos que se hace al mismo tiempo en varias ciudades del mundo”… ¿están seguros que es ahí? exclamé. – Si claro, por qué?… sin ahondar demasiado les dije “nada, simplemente porque ahí está la zona roja de Buenos Aires”.

A los pocos minutos estábamos allí, en la obscuridad de los bosques de Palermo y provistos cada uno con un arma defensiva: yo con mi bici, la cordobesa con su pequeño bombo bajo el brazo y el colombiano con su monociclo; de esta forma estabamos aprontados para enfrentar cualquier inconveniente que se nos presentara. Quizá con los elementos que contabamos no ibamos a ser los protagonistas de un cinematográfico combate al estilo 300, pero por lo menos íbamos a poder presentar un lindo show de circo. Claro que en la realidad nada malo pasó y apenas llegamos nos unimos al círculo que formaban varias decenas de personas, con olor a incienso y fogata en el centro. Mientras las chicas que cumplían su jornada laboral desfilaban como modelos de Victoria Secret por las calles, invitando a cada automovilista que pasara a disfrutar un apocalipsis bastante particular.

La ronda de bombos había comenzado su ritual al tiempo que la fogata prestaba algo de iluminación y ahuyentaba los mosquitos. La buena energía empezaba a circular cuando caí en la cuenta ed que estaba con la bicicleta y aun me restaba un largo camino para llegar a casa. Quise quedarme hasta las once de la noche, para ver si había una segunda hecatombe, pero no aguanté y emprendí el camino, perdiéndome nuevamente el devenir de algún posible acontecimiento durante el esotérico horario , esta vez nocturno, pero tampoco me enteré si algo aconteció pues a las 11hs 11min 11seg, estaba concentrado en el viaje.

No me habría gustado que mi final del mundo hubiese sido debajo de un colectivo por viajar sin prestar atención al transito.

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