Fin de semana en Buenos Aires – Parte 2



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In: Aprendiendo de otras culturas

15Nov2011


12/11/2011 “La noche de los Museos”

Como me había pasado el día del anunciado Final Global, Seguí mis reglas naturales y desperté cerca del mediodía. La jornada se presentaba tan increíble como el anterior, en realidad era más agradable, ya que no tenía la sugestiva y pesada mochila del “fin”.

                              

Además de algunas tareas cotidianas que no vienen al relato, lo importante de la jornada estaba atravesado por dos mega eventos que se llevarían a cabo en la ciudad. Uno de ellos era la Creamfield, a la cual ya había decidido no ir, por lo tanto puse todas mis planificaciones a disposición del otro: “La noche de los Museos”.

Este acontecimiento se ha convertido con el correr de los años en uno de los eventos más emblemáticos dentro de la amplia cartelera cultural Porteña. Casi 200 museos abrirían sus puertas en forma gratuita entre las 8 de la noche y las 3 de la madrugada. Por lo tanto había que planificar bien que espacios visitar, pues eventos de este tipo sacan a la calle a centenares de miles de personas buscando lo mismo que uno, acceder a tal o cual espacio.

Confeccioné una lista minuciosamente con horarios y direcciones: Congreso Nacional 20.00 hs… Teatro Colón 20.40hs… Museo del Bicentenario 22.00 hs (justo para el show de fuegos artificiales)… y así otros tantos, que obviamente estaban conectados entre sí por buses gratuitos que podían usarse durante el horario de programación con solo presentar un carné que, obviamente, me tomé el trabajo de imprimir. Sino viajar de un lado a otro hubiera insumido un enorme presupuesto.

Bien, ya tenía todo listo para pasar una noche cultural; por lo tanto arreglé con amigos para juntarnos a la tarde, tomar algo y pasar el rato. El día era espectacular, hacia bastante calor y el aire estaba un poco pesado; situación que me predispuso para tirarme un rato en la cama para tomar una “siestita” y luego salir.

Al parecer el aire estaba muuuuy pesado, ya que directamente me dormí un largo rato.

Siguiendo lo planificado, me levanto (no muy lúcido, como me suele pasar después de las siestas) y salgo de casa para reunirme con los amigos. Como siempre, la pasamos muy bien, charlamos, nos reímos, miramos tele, hacemos nada, tomamos unos mates, comemos… y así como todo eso va pasando, también pasan las horas.

Todo el itinerario que había planificado para la Noche de los Museos, con el correr de las agujas del reloj, se me iba yendo al carajo. Terminamos la reunión a eso de la 1 de la mañana; por suerte el colectivo que me llevaba al centro tenía parada justo enfrente de la casa de los chicos; así que me despedí y crucé la calle para esperar el bondi. Y realmente fue eso, una espera, ya que el colectivo de mierda no vino más! Estuve 40 minutos esperando ahí parado sintiendo como el tiempo pasaba, mientras lo único que acontecía donde yo estaba era una aburrida espera. Finalmente llegó! Subo y exhibo orgulloso mi credencial para viajar libremente; 45 minutos después estaba en el centro. Por suerte el colectivo pasa por la puerta del Teatro Colón, por lo tanto este sería mi primer destino (en lo que me quedaba de tiempo), pero cuando pasamos por el Colón, desde la ventanilla se veía que la fila para ingresar daba varias vueltas a la manzana. Volví a sentarme y seguí camino hasta la Terminal. Una vez ahí, caminé un par de cuadras hasta el Museo del Bicentenario; mientras me acercaba veía que había poca gente, ese era el indicador que me marcaba un lugar seguro para entrar. Pero no fue así, había poca gente porque eran los últimos que quedaban para salir. Así seguí un rato más por otros sitios cercanos, donde la situación era la misma, cuando no la puerta ya cerrada.

Eran las 3 de la madrugada y al día siguiente me tenía que presentar a trabajar a las 6.30. por lo tanto hice lo que hago en estos casos “seguir de largo”.

Lo que siguió fueron dos horas de caminata por el centro Porteño, por la calle Corrientes donde aun quedaba alguna librería abierta, una pizzería donde picar algo, algún show callejero y así, yendo y viniendo por las calles de una ciudad que por suerte es muy bella de noche.

Y caminando seguí, hasta llegar a la parada del colectivo que me llevaría al trabajo, procurando claro, no quedarme dormido durante el viaje. Porque esto es así, cuando “seguís de largo” el día pasa a tener 48hs.

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