Vida Social y el Gourmet



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In: Amigos|Fiestas- Eventos|General

16Apr2012


“Cuándo nos juntamos a comer?” “Vamos por un cafecito?” “Este domingo sale un asado” “Traiganse algo para picar…” Compartir los alimentos debe ser uno de los más antiguos hábitos de la vida gregaria.

Cocinar y conversar. Eso es lo mejor, cuando el anfitrión tiene invitados y espacio disponible, o mejor aún, una cocina abierta –las cocinas americanas son un sueño–. Porque hay una gran diferencia entre encerrase en cuatro paredes a trabajar friendo y amasando apurada para servir al resto; a hacer lo mismo pero tomando y charlando con los mismos comensales que convidaste. No importa que no te ayuden –hay mucha gente a la que le carga que le metan mano a su preparación–, lo importante es la compañía.

Comidas de negocios. Compartir un almuerzo ayuda a romper el hielo como nada. Primero, porque no se puede escapar de un minuto a otro, es decir, en una renión uno puede amenazar o simplemente decir “lo siento, me tengo que ir porque tengo otra reunión en 15 minutos” y chao se acabó, pero dejar un almuerzo a medias es impensado. Entonces, como hay que tomarse su tiempo, igual hay que rellenar en algún momento, ya que salir a comer implica esperar –poco o mucho pero siempre hay que esperar–, por lo menos a que te tomen la orden y que te la traigan lista. Por lo mismo se traspasa una barrera de confianza y en algunos casos se puede llegar a descubrir a una persona y lograr una cercanía con impensado alcance.

Comer sin comer. Lo que es terrible es cuando uno participa pero no puede compartir lo que se come o se bebe. Por ejemplo como yo tuve problemas alimenticios, era intolerante al trigo y a los lácteos, algunas comidas me caían mal y como no tomaba alcohol, a la cuarta ronda de copas, los encontraba lateros y borrachos a todos. Yo era la única de los presentes que era real testigo de la mutación que iban sufriendo con el paso de las horas y los tragos. Me ponía mal genio y me aburría (no se si por intolerancia o por envidia). Seguro que si eso pasara ahora me daría lo mismo y me pondría a sacar fotos en la mesa y a twittear (otros vicios igual de útiles para combatir la ansiedad).

¿Qué haríamos si la comida no formara parte de nuestras reuniones sociales? ¿Qué mejor pretexto usaríamos para acompañar nuestras largas conversaciones con amigos?

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