Historias: Marianela



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In: General|Historia

22Apr2015


Vamos con otra bella historia de nuestro editor “Anónimo”; espero que la disfruten tanto como nosotros y como las anteriores !!

-“disculpa, vas a pedir algo” pregunta la chica del mostrador y ahí me doy cuenta que hace un rato que me pare frente a ella y mi cabeza está en otro lugar. Como los últimos dos meses. -“capuchino con canela” digo sonriendo en una mezcla entre una disculpa y mi estado mental.
Son las 15:15 hs, en el shopping no hay mucha gente. Agarro mi capuchino, elijo una mesa no muy a la vista y me siento. Me doy cuenta que estoy temblando, que mis pulsaciones están aceleradas. Mi cabeza no para, no deja de imaginar cómo será el momento en el que Germán llegue. Como me va a saludar?; Se dará cuenta q soy yo? Q me va a decir: hola? Hola Marianela? Sonreirá? Se habrá arrepentido?.
Conocí a Germán de casualidad, en una librería. Yo estaba buscando un libro sobre Berlín, ciudad que sueño con conocer. Normalmente me cuesta bastante decidirme y esta vez no fue la excepción; suelo elegir 2 o 3 y luego de decidirme lo tomo de la estantería. Y así fue, había visto “Catedrales de Berlín”, “cocina clásica Alemana” y “lugares escondidos”. Finalmente me elegí “catedrales de Berlín”, pero cuando volví sobre mis pasos para agarrarlo ya no estaba; al menos no en la repisa. Lo tenía un chico en la mano. 1,7 mts de altura, traje azul oscuro con rayas finitas, pelo corto, castaño claro. Me resulto atractivo, pero verlo con mi libro en la mano me nublo. Empecé a dar vueltas cerca de él para ver si lo dejaba y yo podía recuperar mi botín. El ojeaba el libro casi sin interés y sonreía. Hasta que giro, me miro y sonriendo aún más me dijo: “lo queres?”. Sinceramente me descoloco, no supe que decir. Como se había dado cuenta?. Casi temblorosa respondí que sí, lo agarre y me dirigí rápidamente a la caja. Pague con mi tarjeta de crédito y me fui. Después de dos cuadras, sonó un mensaje en mi teléfono: “Soy Germán, el chico del libro. Esperaba que me dijeras gracias al menos. Hagamos una cosa déjame invitarte a tomar algo y me lo agradeces ahí”. Me detuve en el medio de la calle y empecé a mirar para todos lados. Me sentí perseguida, invadida. Automáticamente comencé a escribirle enojada, que de donde saco mi teléfono, que, que se creía? Comenzó respondiéndome con un “jajajajajjajaajaja” y luego me explico q había convencido a la cajera que le diera mi teléfono (te lo piden en los comercios cuando abonas con tarjeta), que le había gustado apenas me vio y que incluso había agarrado el libro a propósito. Mi primera reacción fue volver a la librería a increpar a la cajera, pero sinceramente me sentí alagada, algo divertida y no lo hice.
A Germán le respondí q no podía, pero que gracias por el libro y los halagos. El siguió escribiéndome cada día, insistiendo con vernos. Aprendimos de a poco cosas sobre el otro, aprendimos a divertirnos, a jugar el juego de la seducción. Ayer finalmente le dije que si a vernos a pasar de lo cibernético a lo real. No sé si saldrá bien, si en el cara a cara será igual que en los mensajes, pero hace mucho que nadie me hace temblar, que no me siento tan expuesta, tan ansiosa y creo q aunque no resulte, estas sensaciones ya valen la pena.
-“hola Marian, te recordaba linda, no hermosa. Me siento en desventaja.” dijo de pronto Germán apareciendo por detrás con un café en la mano y de pronto los nervios y los temblores se convirtieron en mil mariposas que me recorrieron el cuerpo.

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