La historia de Juan



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In: General|Historia

17Apr2015


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Hoy les presento la primera de una serie de mini historias que va a escribir nuestro editor “Anónimo”, esperamos que les guste y la disfruten; con ustedes “La historia de Juan”:

Me llamo Juan, escribo esto en la mesa de un barcito del microcentro de buenos aires en medio de la peor crisis de mí vida, hace 2 hs mi novia me planteo “así no sigo te vas vos o me voy yo”. Y justo después de ese YO el mundo se fue a la mierda.
Si, ya se, uno no empieza un relato por el final, se vuelve confuso. Todo empezó hace 8 años, yo era (soy) un muchachito del montón. Nunca fui de los que se ocultan para que no los señalen por raro, pero tampoco soy el líder de la comarca. Sofia (así se llama mi novia) era compañera mía de la universidad, estudiábamos arte escénico juntos. De las 13 chicas del curso ella sin dudas no era ni la mas linda, ni la mas llamativa, ni nada que este precedido por un “la mas”. Yo por mi parte no había visto en ella nada que detuviese mi andar. Hasta que ese martes por la noche la escuche y no detuve mi andar…. Se detuvo el mundo. Ella es muy callada, muy tímida, rara vez participa activamente de una charla grupal. Ese martes a la salida de clase, armamos con los chicos de la cursada una cena; nada formal, nada importante. La cena transitó por los caminos normales: primero el alboroto para ver que comíamos, después los sub grupos que se juntan, después los mas sueltos que toman las riendas de la situación hasta que el grupo se acomoda y surgen las charlas y los chistes entre todos.
No recuerdo que o quien lo dijo, es mas no estaba prestando atención, pero de golpe esa carcajada se volvió el centro de la escena, todos olvidaron el chiste y empezaron a reír de su risa. Sofía se había puesto roja como un tomate y se reía como un delfín, sí como un delfín. Y fue ahí, en ese preciso instante que el mundo se freno como en las películas y yo me enamoré. De su rostro colorado, de su cuerpo despatarrado, de su risa.
Luego de esa noche estuve cerca de ella cada instante, nos hicimos amigos. Yo aprendí cada cosa, cada chiste, cada gesto que la hiciese reír. Una tarde en su casa, tome coraje y la bese. Ella respondió el beso tímidamente y desde ese beso continuamos juntos hasta hoy. Nunca deje de hacer mis chistes, mis gestos, todo aquello que la haga reír.
Con el paso del tiempo Sofía cada vez rió menos, yo buscaba actualizar mis chistes, mis gestos, pero no resulto.
Ahora, 8 años después, sentado en este barcito con mi vida a punto de desarmarse, entendí porque ya no ríe. Su risa era la expresión física de pequeños y esporádicos momentos de felicidad. Y como su risa era mi felicidad me pase estos años tratando de hacerla reír. Pero no me di cuenta que pase muy poco tiempo tratando de hacerla feliz. Ahora no solo tengo que buscar un tacho grande para tirar los chistes y los gestos graciosos, sino que tengo que descubrir y aprender que la hace feliz y lo mas grave es que después de hacer el intento y esforzarme por lograrlo, tendré que descubrir si no era tarde.

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