Basta de estereotipos



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In: General

21Jan2016


cenicienta

“Solo la flaca, la sumisa, la que mejor limpiaba le entró el zapato de cristal mágico del reino. Solo a la linda, la dócil, la que estaba encerrada en la casa fue rescatada por el príncipe. Desde niñas se les venden la historia de Cenicienta reforzando un estereotipo acerca de rol femenino en la sociedad. Desde pequeñas les presentan el mundo encantado, en donde a base de limpieza y cocina, les llegará un hombre para “salvarlas”

Las últimas encuestas destacan que cada vez más mujeres tienen protagonismo en el ámbito laboral. Sin embargo, no son reconocidas. Las mujeres ya no esperan a ningún príncipe que la despierte del sueño eterno. No limpian para encajar en un zapatito de cristal. No se encierran esperando a un hombre. Ellas trabajan, piensan, se esfuerzan, triunfan, viven como seres independientes. La felicidad no viene aparejada de un hombre o de su “media naranja”. Proponen y viven.

Sin embargo, aún las publicidades continúan dándole ese rol a las mujeres. Algunas frases de las tantas publicidades actuales:

– Hija: Mamá, mamá, ¿Qué es frustración?
– Madre: Frustración es que no salga la mancha de la ropa

– Las mujeres y las madres no nos tomamos vacaciones

– Una nueva generación de ollas y sartenes para una nueva generación de mujeres

– No importa que tu esposo no te ayude a limpiar, porque con este detergente vas a poder sola

Pero las mujeres son contadoras, taxistas, presidentas, remiseras, arquitectas, no viven encerradas en la cocina. “La publicidad busca mostrar a los hombres como si fueran los únicos que pueden tomar decisiones relevantes. En cambio las mujeres deben estar preocupadas por limpiar bien el baño y la cocina. El varón como mucho tiene que estar afeitado, sin caspa y usar perfume. Pero la mujer tiene que tener un cuerpo perfecto, usar cremas constantemente y solucionar sus problemas con yogures para ir al baño”, asegura el sociólogo Fernando Stroventisky

En muchas publicidades hay una notoria discriminación en una construcción simbólica (socio-histórica) de la mujer en la que siempre necesita la aprobación del hombre y aparece como obediente o sumisa. Generemos todos un debate sobre este tema pero uno que no entienda de confrontaciones ni de peleas. Las mujeres no creen en cenicientas, ni en historias de princesas, creen en ellas mismas. Que la diferencia sexual no se convierta en desigualdad social”

Periodista Mauro Albornoz

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